Trabaja sólo con personas que te gusten. Lo dice Milton Glaser en su libro “Diseñador/Ciudadano” y suscribo totalmente, este consejo y otros que copio a continuación tal cual aparecen en el libro
TRABAJA SÓLO CON PERSONAS QUE TE GUSTEN
Esta es una regla curiosa que me llevó mucho tiempo aprender porque, de hecho, al comienzo de mi carrera pensaba justo lo contrario. En principio, para mí ser profesional implicaba que no tuviese que gustarte necesariamente la gente para la que trabajas o, como mínimo, ser capaz de mantener la distancia con los clientes, de modo que nunca almorzaba o socializaba con ellos. Años más tarde, sin embargo, descubrí que era más bien al revés. Me di cuenta de que los trabajos más valiosos y significativos que había llevado a cabo habían sido siempre el resultado de relaciones cercanas con clientes. Y no estoy hablando de profesionalidad, hablo de afecto. Hablo de compartir un terreno común con el cliente y de que la visión que ambos tenemos de la vida sea parecida, porque, de lo contrario, te embarcas en luchas amargas e infructuosas.
Cambiemos clientes por jefes y quedará claro el porqué de esta crónica. Después de 3 meses de trabajar en un lugar de Brisbane de cuyo nombre no quiero acordarme, me he despedido, fin del primer capítulo o fin de la cita como diría Mariano.
Motivos? Uno esencial, no compartimos la más mínima visión de lo que es diseño, de cómo enfocar el trabajo o la vida misma, no hay más.
Pero cerrado el primer capítulo australiano y antes de empezar el segundo, aprovecho la ocasión para reflexionar un poco sobre el tema. ¿Cómo me acerco yo al diseño o a la profesión? Y ya que estamos con Milton Glaser, tomo prestadas algunas de las reflexiones de su libro que comparto con vosotros.
ALGUNAS PERSONAS SON VENENOSAS, EVÍTALAS
Esta entrada constituye un subapartado de la anterior…...En toda relación humana, las personas pueden resultar mutuamente venenosas o enriquecedoras. Esto no quiere decir que una misma persona sea siempre o venenosa o enriquecedora en todas las relaciones, sino que la combinación de dos personas cualesquiera produce siempre consecuencias venenosas o enriquecedoras en su relación. Lo mejor de todo es que existe un test para determinar si las relaciones que estableces con otras personas son una cosa o la otra. He aquí el test: has pasado un tiempo en compañía de una persona. Tras ese periodo puedes analizar si te sientes con más o menos energía. Si te sientes cansado, te han envenenado. Si te sientes con más fuerza, te han enriquecido. El test es casi infalible.
Pues bien, en mi caso, sólo deciros que me siento como si me hubiera atropellado un tractor. Creo que está claro.
LA PROFESIONALIDAD NO ES SUFICIENTE
Desde muy temprano en mi carrera quise ser un verdadero profesional. Esa era mi mayor aspiración de joven porque me parecía que los profesionales lo sabían todo (y además les pagaban por ello). Más adelante, tras haber estado trabajando un tiempo, descubrí que la profesionalidad constituye una limitación en sí misma. Después de todo, en la mayoría de los casos se reduce simplemente a la disminución de riesgos….
Por desgracia, en nuestro campo, el llamado campo “creativo”, cuando haces algo de manera repetitiva para minimizar riesgos, o haciéndolo de la misma manera que lo has hecho siempre, se hace patente porque la profesionalidad no es suficiente. Al final, lo que hace falta en nuestra disciplina es, por encima de todo, la transgresión continua. Pero la profesionalidad no lo permite, porque toda transgresión conlleva siempre la posibilidad del fracaso y, si eres un profesional , tu instinto te prohíbe fracasar: debes tener éxito una y otra vez. Esto es lo que convierte la profesionalidad, como un objetivo vital, en un objetivo limitado.
LA DUDA ES MEJOR QUE LA CERTEZA
Todo el mundo habla de lo importante que es tener seguridad en lo que haces. Pero hay creencias de todo tipo profundamente arraigadas que nos impiden permanecer abiertos a la experiencia, razón por la cual encuentro muy cuestionable cualquier posicionamiento ideológico monolítico. Me pongo nervioso cuando alguien cree demasiado en algo o con demasiada fe. Considero que es esencial ser escéptico y cuestionar cualquier creencia hondamente arraigada. Y además, en el terreno práctico es más importante saber solucionar un problema que estar en lo cierto o tener razón. ...Uno de los síntomas de un ego dañado es creerse en posesión de una certeza absoluta. ….. Perseguir ciegamente tus propios intereses y excluir la posibilidad de que otros puedan tener razón conlleva obviar el hecho de que en diseño siempre se trabaja con una tríada: el cliente, el público y tú.
Como he dicho anteriormente, suscribo 100 % lo que dice Milton Glaser y me doy cuenta que en los últimos 3 meses he estado trabajando en un ambiente que iba en dirección contraria. Había que alejarse de ahí. Quiero añadir también algunas reflexiones de cosecha propia. En mi opinión hay tres puntos esenciales en el momento de afrontar un proyecto que tampoco he visto practicar por aquí:
- Visitar el lugar
- Vivir la experiencia del usuario.
¿Cómo se puede diseñar una parada de tranvía, por ejemplo, si en más de 40 años no te acercas al transporte público?!!
- Trabajar con el cliente
Me he sentido como pulpo en un garaje. Es hora de que el pulpo vuelva a la mar ….. a explorar. Fin del capítulo 1, comienza el segundo capítulo de mi experiencia australiana.